domingo, 14 de diciembre de 2014

¡GRAN INUNDACIÓN EN GALICIA!



He estado recientemente en Galicia y ahí siguen, sin que nadie se sorprenda, grandes zonas inundadas. No hay noticia en los medios de comunicación, así que supongo que no se lo creen. Pero es cierto. El mar ha engullido valles enteros. Llevan sumergidos más de diez milenios. Se llaman rías gallegas. Ah, bueno.
¿No lo han pensado nunca al recorrer esos hermosos entrantes oceánicos, esos largos dedos que se introducen sin disimulo entre los pliegues de la tierra? Hace alrededor de doce mil años se produjo el deshielo de los enormes casquetes helados que cubrían gran parte de Norteamérica y de Eurasia y el nivel del mar subió más de cien metros, aislando Gran Bretaña del continente (y produciendo fenómenos tan extraordinarios como esas gentes con bombín que conducen por la izquierda y cuentan y miden de manera tan rara) y anegando los fondos de los valles existentes entre las cadenas montañosas perpendiculares a  la costa occidental gallega. Sin duda quedarían sumergidos muchos de los últimos campamentos paleolíticos, pero no sientan pena, porque el deshielo no les pillaría desprevenidos. Aunque el fenómeno fue bastante rápido en términos de tiempo geológico, no se produjo ninguna avalancha repentina que se llevara vidas y enseres y aquellas gentes se adaptarían a los cambios a lo largo de generaciones. Había espacio de sobra, y, a cambio fueron recompensados con toda clase de los mejores manjares de Neptuno, con denominación de origen.
            ¡Qué les parece? A veces, de una pérdida se puede obtener provecho. Pero no deben confiarse y pensar que del actual calentamiento global puede salir algo bueno. Lo de ahora no tiene nada que ver con los ritmos geológicos. La aceleración inducida del proceso es tal que las poblaciones costeras no tendrán tiempo para adaptarse, y tengan en cuenta que a la orilla de los mares y océanos se producen las mayores aglomeraciones humanas. Aunque tampoco ahora se produzca un anegamiento repentino, como el de un tsunami, el desplazamiento de centenares de millones de personas (probablemente de más de mil millones) producirá conflictos y aumentará la inseguridad en un mundo ya a punto de ebullición y –perdonen, pero no encuentro otra imagen–… con el agua al cuello. 
Queridos lectores y sin embargo amigos, quedan advertidos, no se descuiden, pero, si visitan Galicia, no dejen de probar los mejillones de la ría de Arousa ni las famosas almejas de Carril… mientras puedan.
            

lunes, 24 de noviembre de 2014

SUBIDA AL MENCILLA



Preparando la expedición 

Amigos, he disfrutado de un estupendo domingo en la Sierra de la Demanda. Dentro de unos meses afrontaré una pequeña aventura (un reto nada excepcional pero tampoco desdeñable) y debo estar preparado. Cuando era jovencito (creedme si os digo que alguna vez lo fui, o al menos me parece recordarlo, aunque podría ser una jugarreta creativa de la memoria) disfrutaba perdiéndome en la montaña, pero las bifurcaciones del camino me apartaron durante muchos años. Ahora, en plena euforia inaugural de la jubilación, he vuelto a encontrar aquella senda. Una gozada. 
Este domingo, 23 de noviembre, ha tocado subida al Mencilla, con algunos de mis futuros acompañantes a Nepal. Sí, una auténtica gozada, recordar la pura belleza que exhalan las montañas para que podamos respirarla, gratuitamente, a pleno pulmón y pleno espíritu. Si uno se deja impregnar, la belleza es muy persistente, y la memoria y más tarde la imaginación la evocan cuando la necesitamos, incluso en los momentos en que la fealdad parece invadirlo todo. Pero la imaginación tiene límites y necesita una recarga, (como las baterías de los móviles, para que lo entiendan quienes vivan sumidos en la matrix tecnológica), y entonces, al entrar otra vez la corriente, imágenes auténticas con todo su color y su fuerza, uno se da cuenta de lo debilitado que estaba sin alimento sólido. Gracias, naturaleza. 


 Iniciando la marcha 


Abajo, nada más salir de Pineda de la Sierra,  nos recibió un hayedo de verdad, que al principio nos abría camino, como se puede ver en la foto, y hasta nos puso alfombra de hojas. La lluvia que empezaba a caer no era ninguna molestia. Auténtica agua bendita, y no la fraudulenta de Lourdes. 


 El hayedo, deshojado

A medida que subíamos, las viejas hayas (viejas, pero resistentes, adaptadas a condiciones más adversas) se retorcían y encorvaban. Yo creo que también nos hacían arcos, saludando nuestro paso y recibiendo a su vez nuestro saludo y nuestro respeto.


Y hasta nos pusieron música de agua y de colores. No veáis que interpretación. Más arriba, donde las hayas ya no pueden subir, nos azotó la ventisca y nos sumergimos en la niebla, así que, lo siento, no os pongo más imágenes, pero toda la excursión valió la pena. Ángel, que arriba se ensimismó, se puso a bajar a su bola y, naturalmente, se perdió. Sus inclinaciones le llevaron por una vertiente equivoacada y acabó en Tinieblas. No quiero decir "a oscuras", sino en un pueblo que de verdad se llama así: Tinieblas. Aunque tal vez se lo imaginó, porque ¿cómo puede haber un pueblo con ese nombre? y además nos dijo que no vio a ninguno de sus habitantes. Todo muy sospechoso. Pero el caso es que no aterrizó en Pineda, sino en otro sitio, y, aunque había pocos kilómetros en línea recta, por carretera eran más de cuarenta. Menos mal que un cazador de jabalíes le llevó en un todoterreno hasta Ibeas (pero antes pasó miedo: porque podían haberle confundido con un jabalí).
En voz baja, reconoceré que yo también corrí el riesgo de perderme entre la niebla, por mi inveterada tendencia aislacionista e intentar bajar solo. Menos mal que me arrepentí a tiempo, cuando me encontraba despistado y decidí volver a subir para encontrarme con el grupo. Es una moraleja de la montaña: vale la pena, aislarse algunos momentos para disfrutarla en soledad, pero hay que ser humildes ante ella, sobre todo cuando uno ha perdido un poco la costumbre. Allá arriba, uno se da cuenta de la importancia de la cooperación y de la solidaridad.  

RECORTES O DECRECIMIENTO

Os facilito el enlace a la última entrada a mi blog "Crónicas desde el Titánic", en Último Cero. Lo he titulado "Recortes o Decrecimiento" y es una nueva llamada sobre la insostenibilidad del sistema en el que se sustenta nuestra forma de vida, sobre el movimiento "decrecentista" y sobre la confusión que algunos podrían tener entre el mismo y la falsa salida de los recortes, que sólo son un intento de los poderosos por prolongar el sistema sin perder ellos su parte de  la tarta (la "revolución de los ricos").
Podéis leerlo en:

http://www.ultimocero.com/blog/cr%C3%B3nicas-desde-el-titanic/recortes-o-decrecimiento

domingo, 5 de octubre de 2014

MOVIMIENTO CIUDADANO O PARTIDO POLÍTICO

Os paso en este post mi artículo "Movimiento ciudadano o partido político", publicado en mi secciòn "Crónicas desde el Titánic" del diario digital Último Cero.
http://www.ultimocero.com/blog/cr%C3%B3nicas-desde-el-titanic/movimiento-ciudadano-o-partido-pol%C3%ADtico
(Me temo que la desaparición del diario haya borrado el enlace, así que lo reproduzco a continuación)

En una entrega anterior (“Viva los antisistema”) trataba sobe el papel profiláctico de un movimiento ciudadano como Podemos y planteaba el problema de su relación con los partidos políticos progresistas con los que se encuentra en la esfera de la representación política.

            La fuerza del fenómeno Podemos radica en que se ha convertido en el canalizador (y catalizador) del cabreo ciudadano por las malas prácticas y el acomodamiento  de los partidos políticos que vienen detentando la representación ciudadana y por los abusos de un sistema económico tardocapitalista que se sirve de quienes deberían ser servidores públicos, que persigue la acumulación de dinero en vez del bienestar de los seres humanos y que esquilma el medio en el que vivimos hasta el punto de hacerlo insostenible y abocarnos a una catástrofe general.

            Esta función de revulsivo social es tan necesaria y tan urgente que por sí sola justifica al movimiento Podemos, pero más allá de la acción terapéutica se extiende, por ahora, un territorio desconocido y, me temo, demasiado incierto y resbaladizo.

            Creo que los promotores de Podemos son de algún modo conscientes del problema cuando se definen, no como un partido, sino como un movimiento. Lo cierto es que esa es su fortaleza. Pero, en la medida en que emulen a un partido, aunque no se definan como tal, pueden aparecer sus debilidades.

El movimiento ha nacido de un magma de indignación ciudadana, la misma que tuvo un primer brote en la toma de las calles del 15-M.  Un magma del que participan gentes que comparten una sensibilidad mayoritariamente progresista, pero que, al margen del hartazgo por la corrupción y por el enclaustramiento de la clase política, pueden tener diferentes puntos de vista sobre los problemas concretos que ocupan la política diaria, e incluso diferentes ideales de sociedad y modelos económicos. Entonces, es razonable traducir la propuesta de regeneración democrática en un programa con el que entrar en liza, coyunturalmente, en el campo político, pero, más allá de esta tarea de limpieza que une a sus simpatizantes, surgen muchas dudas sobre la oportunidad de concurrir como una formación  política estable con vocación de permanencia y un programa global, en el mismo plano y en competencia con los partidos políticos. Los Círculos a partir de los cuales se organiza Podemos se podrían convertir en un guirigay ideológico ingobernable, un recogedor de ocurrencias y causas marginales o exóticas en el que muchos simpatizantes del movimiento no se sentirían nada cómodos.

Podemos se beneficia ahora del viento favorable de la indignación ciudadana. El aire nuevo tiene la virtud de movilizar a algunos de esos ciudadanos desencantados y de la desafección general hacia los partidos, que pagan casi por igual, injustamente, el desprestigio colectivo de la clase política. De hecho, muchos de los postulados y demandas del movimiento han sido enarbolados también tradicionalmente por partidos minoritarios, principalmente progresistas, aunque han sido ignorados y asfixiados por la fuerza de los mayoritarios. Sin duda, los partidos progresistas necesitan liberarse de la cápsula en que se ha encerrado la clase política, pero también es cierto que durante mucho tiempo sus propuestas de regeneración no han encontrado eco en los ciudadanos adormecidos por el falso bienestar. Ahora, esos ciudadanos despiertan y tratan de hacerse oír, y lo hacen con la irreverencia y la indignación propias de quienes se sienten manipulados y engañados, pero no tienen un proyecto global y común de sociedad, y la unanimidad de la indignación no puede desplazar a la diversidad de opciones políticas. Podemos canaliza parte de esa marea ciudadana y cumpliría un gran servicio si contribuyera a sumar y amplificar las voces apagadas de los partidos más cercanos a la sensibilidad de sus seguidores (algo como lo que están haciendo ya las plataformas “Ganemos” de cara a las elecciones municipales y autonómicas de 2015); pero si, aprovechando esta oportunidad favorable, los vampiriza, en vez de revitalizarlos, espolearlos y catapultarlos, puede terminar arruinando del todo la débil estructura social que aspira a construir un mundo más humano, con el riesgo de que el propio movimiento pierda su fuerza como altavoz ciudadano, y de que el huracán que ahora sopla se disuelva dejando un territorio arrasado, un campo yermo, sin defensa frente a los infames intereses del tardocapitalismo rampante.

En definitiva, el acierto y el éxito de Podemos reside en la voluntad de situar de nuevo a los ciudadanos en la esfera política. Como dije en un artículo anterior, puede ser la punta de lanza de todos esos ciudadanos que quieren ejercer de tales, miembros de una sociedad madura que no se resignan a hipotecar su alma cada cuatro años y que quieren intervenir activamente en el espacio público. Podemos está jugando un papel catártico muy necesario, y para ello tal vez sea saludable, puntualmente, su irrupción estratégica en las instituciones políticas (como, según he dicho, están haciendo las plataformas electorales Ganemos en diferentes ciudades). Pero la cuestión es qué hará además y después de limpiar los establos de Augías. ¿Debería desaparecer sin más? ¿Debería abandonar su presencia directa en los órganos políticos, manteniéndose como organización ciudadana crítica y exigente que vela por la limpieza democrática, o seguir cumpliendo esa particular labor desde dentro de las instituciones representativas, como movimiento-partido? Son bifurcaciones evidentes que se abren en su inmediato futuro, incertidumbres que deberá resolver, pero creo que se equivocaría si se convirtiera en otro partido político. Otro más. Me temo que no tardaría ni una legislatura en perder su aura, y su contribución neta podría ser hasta negativa.

 


martes, 19 de agosto de 2014

¿NACIONALISMO DE IZQUIERDAS?

Desde hace un mes colaboro en el diario digital Último Cero con el blog Crónicas desde el Titánic. Aunque esto me hace descuidar mi ya escasa atención a esta bitácora, iré colgando aquí los enlaces a las entradas que allí vayan apareciendo. Así que ahora remito a mi última crónica desde el Titánic, sobre la incongruencia del "nacionalismo de izquierdas":
http://www.ultimocero.com/blog/cr%C3%B3nicas-desde-el-titanic/%C2%BFnacionalismo-izquierdas

Si, al entrar en el blog,  pincháis sobre mi nombre, veréis un pequeño texto con la declaración de intenciones, que por lo demás está explicitada en el título del blog. Cada día estoy más convencido: el Titánic está en rumbo de colisión. Todo nuestro sistema se está volviendo caótico, no es posible reequilibrarlo porque es insostenible, y, teniendo en cuenta su insoportable inercia, no sé si queda tiempo para encontrar otro punto de equilibrio sin pasar un periodo más o menos largo de sufrimiento.

lunes, 21 de julio de 2014

CIENCIA O DOGMA. CAPILLAS RELIGIOSAS EN EL TEMPLO DE LA CIENCIA



El diario El País ha publicado una carta de mi amigo Jesús Álvarez Sanchís en la que, con motivo de la polémica desatada por la utilización de espacios de la Universidad Complutense de Madrid, de la que es docente, para el culto católico, vuelve sobre el tema, ya cansino, de la presencia de las creencias religiosas en las instituciones públicas de enseñanza (y, por extensión, la abusiva ocupación de los espacios públicos). Y no digo cansino por la queja de mi amigo, sino por todo lo contrario: porque, increíblemente, todavía hay que seguir batallando con uno de los fantasmas persistentes de nuestra historia. No nos lo quitamos de encima. No se acaba de entender que una democracia no es auténtica sin un espacio público laico, como tampoco se acaba de entender lo que significa el laicismo.
En la polémica de la Complutense, los beneficiarios ni siquiera admiten el cambio de un espacio por otro ante la necesidad de reasignar las aulas por razones pedagógicas (esta gente siempre quiere más y nunca se conforma). Pero, en el ¿otro? lado, las autoridades universitarias, por rutina, por miedo al enfrentamiento (algo muy típico en este país, que se refleja en los complejos de esa parte de la izquierda que no se ha atrevido a romper los abusivos acuerdos con la “Santa Sede”), o porque ni siquiera tienen una convicción al respecto, tampoco han replanteado el simple hecho de facilitar la disposición sectaria de un recinto educativo público, y el fondo de la cuestión sigue intacto.
El episodio tiene una especial significación por el lugar en el que se produce. Las capillas religiosas en el templo de la ciencia suponen una contradicción en los términos. El dogma es la antítesis de la ciencia. Las verdades reveladas y finales son lo contrario del conocimiento que se desvela poco a poco, navegando a través de la incertidumbre, siempre sometido a revisión y prueba; un conocimiento que finalmente acaba derribando las creencias míticas. 
La Cosmología o el Génesis; el evolucionismo o el creacionismo; la libertad humana de elegir y abrir el propio camino en el mundo o el sometimiento al guion marcado por un designio universal: son dos perspectivas contradictorias del mundo, por más que, no sin malabarismos y, con frecuencia, con violencia interior, muchos creyentes, obligados por su parte racional, intenten compatibilizarlas, acomodando el dogma e interpretándolo (lo que a veces les ha hecho también víctimas de la violencia física por parte de los guardianes de la ortodoxia, de lo que hay una larga experiencia histórica). Un ejercicio comprensible desde el punto de vista psicológico, y ciertamente respetable, pero que… pertenece a la esfera privada. Los representantes públicos no pueden inmiscuirse en esa esfera, que es la de la libertad individual, pero tampoco favorecerla poniéndose a su servicio, y con mayor razón en el ámbito educativo. Los católicos, los musulmanes o el Templo de Amigos de los Extraterrestres tienen derecho a organizarse, a cuidar y celebrar sus cultos en sus iglesias e incluso a compartir con otros conciudadanos sus celebraciones festivas; un estado laico no lo prohíbe. Pero no hablamos de eso, sino de las prebendas que proceden del secular contubernio entre el trono y el púlpito, que atentan contra la esencia de una sociedad democrática (que debe ser necesariamente laica ¡incluso si todos sus miembros fueran fieles a una determinada creencia!) y son ofensivos para los ciudadanos que tienen otras sensibilidades. Y que quienes defienden y “exigen” (nada menos) tales prerrogativas no digan que también para ellos es ofensivo que otros se las nieguen. No es lo mismo defender un derecho que un privilegio.

jueves, 3 de julio de 2014

"EL ARCHIVO DE GÖTTINGEN" EN EL CORREO DE BURGOS


Bueno, se acumulan las reseñas y "El archivo de Göttingen" empieza a despegar...
Ahora, es un artículo de Marta Casado en El Correo de Burgos.

Enlace: http://www.elcorreodeburgos.com/noticias/2014-07-02/el-papel-de-la-ciencia-cuando-se-agotan-los-recursos

El papel de la ciencia cuando se agotan los recursos
http://www.elcorreodeburgos.com/sites/default/themes/correoburgos/square_sub.gifJosé David Sacristán de Lama presenta en ‘El archivo de Göttingen’ un thriller con toques científicos y un mundo apocalíptico por el agotamiento del sistema
Mie, 02/07/2014


MARTA CASADO / Burgos

Arqueología, ciencia, organizaciones secretas y hasta políticos norteamericanos. Una trama inquietante y apasionante que propone José David Sacristán de Lama en El archivo de Göttingen. Es su primera incursión en la novela ya que ha sido un consumado ensayista (Una lengua para Babel (2005), Vivir sin dioses. Utopía, ética y progreso después del mito (2006), La próxima Edad Media (2008) y Entre el fracaso y la utopía, los próximos XX años (2010)).

A pesar de que la vida de Julián Alarce transcurre en el año 2015 y la historia termina al borde de cerrar los primeros cien años del siglo XXI, no se escapa mucho la trama del trabajo que ha desempeñado José David Sacristán de la Lama. Pero arrancó la idea de uno de sus proyectos frustrados. «Estudiaba piezas de arcillas que estaban llenas de huellas digitales, empecé con esto un proyecto de investigación que al final se tuvo que abandonar por diversas circunstancias y de esa frustración surgió esto porque ver huellas del pasado en vasijas de hace miles es muy sugerente para la intriga científica», asume. 

Julián Alarce, el protagonista de la novela, está inmerso en el estudio de huellas dactilares en cerámicas antiguas cuando llegan a su mesa de investigación unas tablillas mesopotámicas que trastocarán su metódico y tranquila forma de vida. Con este arranque y la incursión en sociedades secretas y el agotamiento de los recursos, El archivo de Göttingen se convierte en  un thriller en el que la sociología y la ética de la ciencia alientan y realzan una intriga a primera vista muy fantasiosa, pero que Sacristán hace verosímil y revela problemas de nuestro momento histórico más reales de lo que por rutina estamos dispuestos a admitir.

«Estamos en un mundo con 7.000 millones de personas, con una capacidad de generación de recursos limitada y una cuarta parte de la población, para mantener su nivel de vida, esquilma al resto y sus recursos. Este sistema es inviable y en esta novela hay una serie de personas que hacen la cuenta y el resultado que tienen es que sobran personas», resume. Un escrito en el que se analizan aspectos de la ciencia vinculados a la ética o la sociología. «Hay ficción de la ciencia pero no es ciencia ficción», resume.

Para Sacristán, cuya publicación está prologada por el codirector de las excavaciones de Atapuerca, José María Bermúdez de Castro, adentrarse en la ficción, tras su prolija actividad como ensayista y sus publicaciones científicas, ha sido «más divertido, definir los personajes ha sido  más sencillo de lo que pensaba pero es cierto que  me resultaba más fácil el lenguaje de ensayo y la fabulación, crear la intriga, la trama de la historia ha sido más complicado».

José David Sacristán de Lama es natural de Roa (Burgos) y ha sido profesor de Prehistoria e Historia Antigua en el Colegio Universitario de Burgos. También fue arqueólogo de la Delegación Provincial de la Junta en Burgos y en Valladolid.  De ahí que el argumento científico sobre arqueología y antropología esté fuertemente sustentado. Un libro que presentó recientemente en el Museo de la Evolución Humana en compañía de Bermúdez de Castro.